viernes, 12 de julio de 2013

LA MONTAÑA RUSA

Se sentía como en una montaña rusa, con las subidas vertiginosas, las caídas infernales y las vueltas y más vueltas que ponían sus sentimientos cabeza abajo.
Tan pronto tocaba el cielo, como estaba llamando a la puerta del mismísimo Lucifer. Y todo por culpa de la eterna confrontación que mantenían en su organismo el corazón y la cabeza. Ahora mandaba uno, ahora la otra, y siempre sin ponerse de acuerdo entre ellos, dando instrucciones contradictorias y tirando cada uno para un lado. Ella seguía los dictados de ambos y al final había acabado con las ideas confusas, sumida en un mar de dudas, de incertidumbre... y de miedo.
¿Y si aquella montaña rusa no tenia un freno que detuviese el mecanismo? ¿Y si se veía condenada a estar toda la vida en aquella máquina, dando vueltas y más vueltas?
No.
Eso no podía ser.
La maquinaria se tenía que detener porque, si no lo hacía, ella acabaría apeándose en marcha, lo cual era lo menos recomendable.
Y mientras tanto, el tiempo seguía pasando, y ella continuaba dando vueltas en aquella montaña rusa sin saber como bajar...


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